El uso de inteligencia artificial (IA), como ChatGPT, ha generado en los últimos meses gran interés y está teniendo cada vez más un papel importante en diferentes aspectos de nuestras vidas. Así, por ejemplo, la IA podría ayudar a combatir crisis mundiales como la del cambio climático.

Aunque es difícil determinar hasta qué punto esta tecnología puede contribuir a reducir las emisiones de gas de efecto invernadero, puede ser una herramienta valiosa, afirma David Rolnick, profesor de la Facultad de Informática de la Universidad McGill, en Cánada, y cofundador de la organización sin ánimo de lucro Climate Change AI.

Para frenar la tala ilegal, la ONG Rainforest Connection utiliza sensores acústicos en los árboles. Estos “escuchan” lo que ocurre en el bosque y lo transmiten en tiempo real a una nube. Así, un sistema de aprendizaje automático reconoce sonidos específicos, como los de una motosierra o un camión, y envía alertas a las autoridades locales. Según se lee en el sitio web de la organización, casi 600 dispositivos “guardianes”, han sido ya instalados en 35 países, de Brasil a Indonesia, y del Congo a las Filipinas.

El acero y el cemento son materiales importantes de construcción. Sin embargo, son grandes emisores de CO2. Gran parte procede de la extracción y el transporte de los ingredientes utilizados en el proceso de producción. La empresa estadounidense Fero Labs ha trabajado, en cooperación con cinco plantas siderúrgicas estadounidenses, en un software de optimización basado en IA, para reducir la cantidad de ingredientes extraídos -o aleacione- hasta en un tercio. El software recopila y aprende de datos históricos para recomendar la cantidad mínima de material adicional nuevo que debe agregarse, si es que hay que adicionar alguno.

Actividades como la agricultura y la silvicultura representan alrededor del 18 por ciento de las emisiones mundiales de CO2. Además, el riego del sector agrícola es responsable de un 70 porciento de uso de agua en todo el mundo.

La empresa alemana Agvolution ha desarrollado un sistema de IA, que utiliza datos de sensores solares para controlar el microclima alrededor de los cultivos.  Los dispositivos miden la temperatura, la humedad, la radiación y la humedad del suelo en el campo. Y estos datos son utilizados por los algoritmos para hacer recomendaciones precisas sobre el estado de las plantas e indicar la cantidad de agua y fertilizante que se debe utilizar.

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