FOTO 2806El concepto de la internet de las cosas es uno de los más sugerentes para empresas e instituciones del mundo entero. Según una reciente investigación de la consultora internacional Gartner, el 61% de las compañías cuentan con un cierto grado de madurez en la adopción de esta tecnología, una de las más características de la cuarta revolución industrial.

En este mismo estudio, se añade que una proporción mayor de organizaciones, el 63%, confía en alcanzar el punto óptimo de desarrollo a los tres años de la introducción de estos sistemas. Este contexto, en el que interviene de un modo determinante la gestión de grandes volúmenes de información (big data), ha favorecido la experimentación en múltiples frentes, sectores y actividades.

Numerosas promotoras, constructoras e inmobiliarias en Estados Unidos tienen en cuenta lo que denominan “condiciones ambientales”, esto es, la tasa de criminalidad del vecindario, la calidad de las escuelas del distrito o la velocidad de internet en la zona. Sensores conectados a todo tipo de aparatos y dispositivos recogen material que, procesado correctamente, tiene un enorme valor y ciertos riesgos.

Hasta hace poco, muchas organizaciones se lamentaban porque contaban con información procedente de su día a día… pero no sabían qué hacer con ella. Nadie tenía los conocimientos adecuados para tratarla como era debido. Y todavía menos, la capacidad de imaginar con qué otros datos debería ser cruzada o comparada. Esto afectaba tanto a pequeñas instituciones de países en vías de desarrollo como al Ayuntamiento de Nueva York.

Sin embargo, en relativamente poco tiempo se ha avanzado notablemente en esta parcela. De Barcelona a Dubái, de San Francisco a París, barrios, ciudades y áreas geográficas más amplias operan gracias al big data con una eficiencia en el decenio pasado: a la hora de ordenar el tráfico, en la gestión de la basura y los residuos, en el ahorro energético a través de la iluminación de las calles y un etcétera tan extenso y amplio como la vida de sus residentes o visitantes.

La velocidad de conexión es otro factor crucial en esta transformación. La internet de las cosas y las smart cities necesitan que la 5G rinda como es debido, algo que, hasta ahora no siempre ha sido así, ya que raramente ha habido coincidencia en el ritmo de despliegue de ambas tecnologías. Lo que parece claro es que los estados punteros en esta parcela lo serán también en el conjunto de la economía.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/tecnologia/20220627/8364439/todas-cosas-internet.html